Blog

Aunque creas que tu hijo no te ve……

Aunque creas que tu hijo no te ve……

Daniel es un niño maleducado. Suele contestar mal a su madre y se ríe de las niñas. Ya le han llamado varias veces la atención en el colegio pero el niño apunta maneras.
El padre de Daniel es un hombre maleducado. Suele contestar mal a su mujer y me molestan “hasta el infinito” sus comentaros machistas.

El aprendizaje por imitación es uno de los mecanismos básicos en el aprendizaje de cualquier persona, especialmente en los niños pequeños.
¿A qué son una ricura cuando imitan a mamá y se visten con su ropa o cuando cogen el teléfono y juegan a que están hablando con alguien?.

Niña hablando por teléfono

La imitación no es una habilidad que los niños aprenden, es una habilidad innata con la que nacen, y que está presente en todas las culturas.
De hecho, aprender imitando es algo que no dejamos de hacer durante toda la vida, en mayor o menor medida, dependiendo de nuestra personalidad (o la falta de ella):  imitamos gustos por la ropa, cine, música, comida……

Observando y copiando, los niños aprenden a hablar, a caminar, a expresar emociones o a actuar de modo concreto frente a determinadas situaciones e incluso, aprenden la empatía, la habilidad de experimentar lo que otra persona siente.
Carla se ha acostumbrado a cuidar de su primo pequeño de dos años cuando sus padres se van a trabajar. Y, aunque, solamente tiene 5 años repite lo que le ha visto hacer a su madre: Le cuenta cuentos (inventados porque todavía no lee bien), le coge para que no se caiga cuando van al parque y le ayuda con la merienda para que se sienta seguro y feliz.

Niña cuidando hermano pequeño

Aunque creamos que no nos ven o que no prestan atención a nuestras conductas, nuestros hijos aprenden constantemente de nosotros, de nuestros gestos, de nuestras palabras, de nuestros buenos o malos hábitos.
Aprenden de nosotros cuando nos ven emocionarnos con un libro o con una canción, cuando le cedemos el paso a una persona mayor o cuando damos las gracias.
Pero también aprenden de nosotros cuando vamos en coche y perdemos los nervios con otro conductor o cuando nos ven enfadarnos y menospreciar a alguien.
Ya en 1961, el famoso psicólogo Albert Bandura, realizó un experimento en el que pretendía mostrar cómo aprenden los niños desde una temprana edad las conductas agresivas, por simple imitación.
El experimento del “Muñeco Bobo” medía el comportamiento de los niños después de ver a un modelo adulto que era recompensado, castigado o carente de consecuencias por golpear al muñeco bobo.
Bandura encontró que los niños expuestos al modelo agresivo eran más propensos a actuar con agresiones físicas, que los que no fueron expuestos a dicho modelo.

Los niños imitan las conductas de personas significativas para ellos y los padres somos sus primeros modelos a seguir. Pero, con el tiempo, el círculo del niño se amplia y entran en juego profesores, amigos y la sociedad en general.
A una cierta edad, el niño empieza a fijarse en modelos más similares a ellos: sus hermanos mayores o sus compañeros de clase o amigos que, en muchos casos, acaban teniendo más influencia sobre ellos que los padres. Además las nuevas tecnologías y los medios de comunicación también ejercen una enorme influencia sobre los pequeños. Los  niños imitan a sus cantantes o a sus actores favoritos. Ídolos que, en algunos casos, no son los modelos ideales.

Pero, por desgracia, la imitación es selectiva, es decir, no se imita cualquier conducta sino la que resulta más atractiva y la que es reforzada de algún modo. El niño, imita la forma de vestir, los juegos, las aficiones……. e incluso la actitud de otros porque tiene la necesidad de recibir aprobación o de pertenecer a un determinado grupo, de “encajar”, en definitiva.
Los niños no sólo imitan lo bueno, sino también lo malo por razones muy diversas: por compañerismo, por la emoción de ir contra corriente, para rebelarse contra sus padres, o por falta de confianza en ellos mismos.
A veces, incluso, imitan conductas que saben que no son correctas como abusar de los más pequeños o reírse de otros.

Niños burlándose

Por ello, es esencial establecer una buena relación con ellos y sentar unas bases sólidas en la educación y autoestima de los pequeños para que llegado el momento, tengan más herramientas para tomar decisiones correctas.
Y, sobre todo, para que tengan claro que ciertas conductas no están bien, ¡se mire por donde se mire!.

Deja un comentario