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El efecto Pigmalión ¡malditas etiquetas!!

El efecto Pigmalión ¡malditas etiquetas!!

Basándose en la historia de Pigmalión (que tiene su origen en la mitología griega), en psicología y en pedagogía, se entiende por “efecto Pigmalión o teoría de la profecía auto cumplida” al hecho de que cuando tenemos una creencia o expectativa firme respecto a alguien, acaba cumpliéndose.
Es decir, actuamos cómo se espera que actuemos.

Existen numerosos estudios que confirman este hecho. Uno de los más famosos fue el de Rosenthal y Jacobson, en la década de los 60, quienes demostraron que existía una relación directa entre las expectativas que tenían los profesores sobre sus estudiantes y su rendimiento. Se comprobó, que aquellos alumnos que falsamente habían sido etiquetados como más inteligentes, fueron mejor valorados y obtuvieron a la larga mejores resultados como consecuencia de las altas expectativas de sus profesores y del refuerzo positivo que les dispensaban.

“Es muy listo”, “Es un vago”, “Es muy tímido”, son etiquetas que ponemos a nuestros hijos y que condicionan, muchas veces sin darnos cuenta, su comportamiento.
Sonia es la mayor de cuatro hermanos. Ayuda a los pequeños con sus deberes y exámenes. Cambia pañales. Hace las tareas de la casa. Saca buenas notas y no se mete en líos.
Es la hija “responsable”. Ésa es la etiqueta que le han asignado sus padres y así se ha comportado siempre.
En cambio, su hermana pequeña es la “traviesa”. Le ha tocado una etiqueta mucho más relajada y parece que le están permitidas ciertas conductas: olvidarse los deberes, no arreglar su cuarto……. porque tampoco se espera mucho de ella.

Niña buena

Pero… ¡cuánto daño pueden hacer las etiquetas!
Las etiquetas negativas pueden afectar a una autoestima baja en el niño porque pueden transmitirle la idea de que fracasará o no será capaz de hacer algo y le impulsarán en muchas ocasiones a no intentarlo, a no esforzarse.
Sin embargo, las etiquetas positivas, es decir, las que exaltan alguna cualidad del niño, pueden impulsarle a llegar más lejos y a aumentar su autoestima pero también puede darse la circunstancia de que el niño no sea capaz de cumplir las expectativas puestas en él y que tenga miedo a decepcionar a los demás.
Los niños van formando su autoconcepto en función de las valoraciones que reciben de los que les rodean: sus padres, su profesores, sus amigos…. Por lo tanto, el modo en el que nos dirijamos a ellos, marcará su voz interior e influirá sobre sus expectativas sobre sí mismo.

No se trata de plantear a los niños metas inalcanzables ni de evitar ser realistas frente a sus capacidades sino de… creer en ellos. Porque si el niño se cree capaz de lograr algo, seguro que aumentarán sus posibilidades de lograrlo y si no lo consigue, tendrá la suficiente confianza en sí mismo para seguir adelante.

En pocas palabras:
“Si tu crees en él, él creerá en sí mismo”.

 

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