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Vacaciones a la vieja usanza

Vacaciones a la vieja usanza

La mayoría de nosotros recuerda con añoranza esa largas vacaciones en las que metíamos en un coche todo lo que necesitábamos para disfrutar de las vacaciones de verano y en las que nos pasábamos todo el día en la calle jugando.
Hoy en día es más complicado porque, en la mayoría de los casos, los dos padres trabajan y la cosa no está como para estar tres meses de vacaciones.

Pero, este verano decidimos pasar una parte de nuestras vacaciones a “la vieja usanza”, es decir, sin internet.
Alquilamos una bonita casa rural (sin conexión wifi) y nos reunimos toda la familia, con niños de edades comprendidas entre 4 y 15 años y mascotas incluidas ….¡todo un reto, os lo aseguro!.
Al principio la cosa parecía que iba a ser un problema pero tras la decepción inicial por no tener wifi, todo salió bastante bien.

Casa

Largas sobremesas en las que todos participábamos y en las que se aprende mucho sobre ellos: sus miedos, sus sueños, sus ideales….
Días de playa, excursiones, tardes de juegos y por las noches, sesiones de baile y ¡hasta karaoke!. No solamente se olvidaron de navegar por la red sino incluso de la tele.
Los padres disfrutamos de verles correr, reír, ensuciarse……. y ellos, desde luego, disfrutaron de jugar a las cartas, partidas de ping pong, búsqueda del tesoro, juegos de agua, fútbol, paseos en bicicleta…. en fin, todos esos juegos de toda la vida de los que deben disfrutar y a los que, en muchas ocasiones, también nos unimos los más mayores.

Playa

Jugar es una parte esencial en el desarrollo de nuestros hijos. De hecho, es un derecho fundamental del niño aprobado por las Naciones Unidas en 1989. A través del juego, los niños desarrollan su imaginación, fomentan su autonomía y su sociabilidad, aprenden a cumplir normas y a colaborar, desarrollan sus habilidades lingüísticas y de atención……
Cualquier juego, en definitiva, implica aprendizaje, estimulación y experimentación para los más pequeños.

Pero jugar no es solamente importante para los peques. Muchas veces, los adultos con nuestras prisas y estrés, tendemos a olvidar que tener hijos no consiste simplemente en “tenerlos” sino en compartir nuestra vida con ellos.
Jugar con ellos nunca es una pérdida de tiempo porque aumenta la comunicación familiar, nos ayuda a conocerles mejor y es una forma más de educar. Jugar con ellos aumenta su autoestima porque se sienten atendidos. Además, es un modo excelente de que no solamente nos perciban como una figura de autoridad sino como alguien con quien, también, pasarlo bien.

Baile

¿Todavía necesitáis más razones para jugar con vuestros hijos?

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